¿Dónde están mis alumnos?

Publicado por René Francisco Abello Gomez en

Siguiendo el hilo…

Hace pocos días escribí acerca de la dependencia de la tecnología y el riesgo que implica para la humanidad un escenario de no disponibilidad de la misma. (Año 2030 sin internet)

Siguiendo el hilo conductor, y como lo anuncié entonces, trataré de expresar lo que siento, y seguramente será compartido por muchos docentes, al menos los de mi generación, quienes nos hacemos esta pregunta.

¿Dónde están mis alumnos?

Cuando me propusieron por primera vez que colaborara en la estructuración de un diplomado virtual, me resistí de muchas maneras.

Incluso aplacé inconsciente y conscientemente las tareas asignadas para tal propósito. Sólo me mantenía unido a ese proyecto el compromiso con la institución educativa.

Todo esto ocurrió tal vez un año antes de que iniciara la pandemia por la COVID-19.

Y como en muchos otros escenarios, lo que algunos intentaban introducir desde hace varios años en la educación, fue forzado a convertirse, no solo en realidad, sino en una necesidad.

Heme aquí, hoy, participando de manera entusiasta en actividades de formación virtual, sincrónica y asincrónica.

Entre paréntesis: estos términos no eran conocidos para mí, por lo que me permito describirlos.

Sincrónica: actividad que se realiza en línea, con el docente conectado por un dispositivo y los estudiantes cada uno en el suyo, al mismo tiempo.

Asincrónica: En momentos o tiempos diferentes. El docente prepara el material didáctico, ya sea en videos, presentaciones, material de estudio y tareas, el participante los estudia en otro momento, de acuerdo con su disponibilidad.

Y, ¿Dónde están mis alumnos?

Recuerdo con una sonrisa dibujada en mi cara, aquella inocente pregunta que hice en reunión con otros docentes y los directivos de la universidad: “¿Y cuándo me reúno con mis estudiantes?”

Tal vez por respeto no hubo carcajadas. Pero seguramente al interior de los participantes de tal reunión, surgió la mirada de sorpresa y la pregunta interna “¿Y el doctor Abello, en qué mundo vive?”. No dejo de reír con esa anécdota cada vez que la repito.

Y la pregunta fue resuelta de manera pragmática: “Nunca, profesor, es un curso virtual.”

Son más de 25 años disfrutando el trabajo en el aula, el intercambio con los alumnos, la tensión de las preguntas con aquella frase que les digo a mis estudiantes cuando intentan responder “todos a una, como en Fuenteovejuna”: Jóvenes, cada uno disfrute su adrenalina.

Momentos de conversación tranquila, generadora de confianza y respeto, de compartir generosamente el conocimiento y la experiencia en un intercambio transparente con mis “socios de aprendizaje” y los directivos universitarios.

Momentos de preparación y lectura, de investigar para dar más, de correndillas para cumplir los horarios, de extenuantes jornadas y muchos gratos recuerdos.

Después de tanto, las instituciones y las circunstancias nos llevaron a un mundo que yo rechazaba: la educación virtual.

Debo reconocer, como ser humano, que siento gran nostalgia, y se humedecen mis ojos al escribir esta nota.

Nueva realidad

Si señores, nos enfrentamos a una nueva realidad. Y debemos hacerlo con valor, con el amor que sentimos por la academia, por la educación, por compartir lo único -junto con el amor- que crece cuando se comparte: el conocimiento.

Sueño

Les he manifestado a mis más cercanos amigos y a uno que otro directivo universitario, que sueño con un escenario como el de los mentores griegos o romanos. Una educación personalizada, en la cual el alumno sea un discípulo, que además del conocimiento, reciba el ejemplo de su maestro.

El reto

Mantengamos viva la pasión por la educación. Si toca, virtual pero con pasión. Y ojalá pronto podamos volver a las aulas.


René Francisco Abello Gomez

Médico especialista en Gerencia de Servicios de Salud.Amplia experiencia gerencial y como consultor empresaria.Autor del libro 8 pasos hacia la calidad en el servicio.Docente universitario y networker.

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